martes, 14 de febrero de 2012





Enredarse entre nuestros seres. 
Amar.
Ser uno.
 Miro tu cara, esos ojos brillosos, llenos de lagrimas, esos labios carnosos que no paraban de moverse. Moverse sin darse cuenta que todo lo que paso y pasa nos hacen sentir solos. solos, sin uno, sin el otro. Esa cara, esos gestos que no entienden, que no se encuentran, ya no puedes mirar con aquellos ojos por los que me hicieron sentir,  agarrando tus brazos flacos, tu cintura ancha tus costillas que apenas pueden llegar a verse y no soltarte, que todo esté bien y no soltarte,


 que me des paz. 


Verte de nuevo. Verte de nuevo y hacerme acordar a aquella mujer que vivía gracias a nadie. El hermoso plano desastroso que uno mira dentro de sus pupilas, ese plano que dentro de su mente sabe qué hacer y sabe que no es al fin un plano es solo su querer que proyecta a saber cómo ésta debe y como quiere que sea la vida, que sean sus ojos, sus manos, su ser. Maldito querer, siempre ahí, en todos los días que pasan en las vidas de cualquier ser, maldito querer por eso vivimos. Por eso somos tan humanos,  transpiramos nuestras propias culpas. La hipocresía que uno da que no niega tener, La razón que uno siente tener, solo por tener miedo de decir basta, de ir contra todo el mundo, contra aquellos que juraron convertir a todos en sus seres y ver aquellos bolas tranparentes de la vida que puede llegar a mirar cientos de veces y fijarse que estas mal, mal, mal. Mira bien. Mírate bien. Que te queda?
























                                                                                                                                                                                                      Nada.

lunes, 16 de enero de 2012

                 
               Tengo el color del río y su misma voz en mi canto sigo,
                         el agua mansa y su suave danza en el corazón
                             pero a veces oscura va turbulenta en la ciega hondura
                                     y se hace brillo en este cuchillo de pescador.



                                                                              Remanso de paz  

viernes, 28 de octubre de 2011

miércoles, 7 de septiembre de 2011


















Disipar...


           Amar...


                     Abatir...


                                Respirar...




     cuerpo y alma.



viernes, 26 de agosto de 2011

Desentúmete cuerpo... mio




Un rostro frente a tus ojos que lo miran y por favor: Que no haya mirar sin ver.
 Cuando miras su rostro-por pasión, por necesidad como la de respirar-sucede, y de eso te enteras mucho después, que ni siquiera lo miras. Pero si lo miraste, si lo bebiste como sólo puede y sabe una sedienta como tú. Ahora estás en la calle; te alejas invadida por un rostro que miraste sin cesar, pero de súbito, flotante y descreída, te detienes, pues vienes de preguntarte si has visto su rostro. El combate con la desaparición es arduo. Buscas con urgencia en todas tus memorias, porque gracias a una simétrica repetición de experiencias sabes que si no lo recuerdas pocos instantes después de haberlo mirado este olvido significará los más desoladores días de búsqueda.
Hasta que vuelvas a verlo frente al tuyo, y con renovada esperanza lo mires de nuevo, decidida, esta vez, a mirarlo en serio, de verdad, lo cual, y esto también lo sabes, te resulta imposible, pues es la condición del amor que le tienes.
Alejandra Pizarnik